Probablemente ya tenéis más o menos claro que alimentos son mejores y cuáles son peores para vuestra salud, y si no, podéis encontrar información en los siguientes enlaces:

Pero, ¿alguna vez os habéis parado a pensar cómo influye la forma en la que cocináis los alimentos en su valor nutricional?

Está claro que dependiendo de cómo cocinamos un huevo, unas patatas, o una zanahoria, va a cambiar su forma, su sabor, y puede que hasta su color.

¿Y qué pasa con sus nutrientes?

Aparte de las calorías del alimento, que aumentarán si añadimos grasa al cocinarlo (por ejemplo en fritura o al confitarlo), también, la técnica culinaria que empleamos va a modificar su contenido en vitaminas y minerales.

Algunas de las técnicas que más utilizamos para cocinar son:

DISTINTAS TÉCNICAS CULINARIAS. (FOTO: Nutrición: nivel usuario)

  • Plancha
  • Horno
  • Hervido
  • Fritura
  • Vapor
  • Microondas
  • Papillote…

De todas estas técnicas, la que va a añadir más calorías al plato es la fritura, por la gran cantidad de aceite que empleamos, parte del cual va a penetrar dentro del alimento.

Conviene que esta técnica no sea la más utilizada, sobre todo si estamos tratando de controlar nuestro peso, o padecemos exceso, y si la grasa que vamos a utilizar no es de buena calidad, ya que repercutirá de forma negativa en nuestra salud.

El resto de las técnicas mencionadas no necesitan que añadamos grasa. Por ejemplo, cuando hervimos, simplemente introducimos el alimento en agua hirviendo hasta que se ablanda de forma que podemos comerlo o triturarlo para otra preparación.

Utilizamos el hervido sobre todo para pastas, arroces, legumbres, etc., pero también para verduras y patatas (para hacer cremas o purés, o para simplemente comerlas hervidas).

Es una técnica muy saludable, pero gran parte de las vitaminas contenidas en el alimento, se disuelven en el agua de cocción, por lo que si no vamos a utilizar esta agua después (como al hacer un hervido, o en una crema), estamos eliminando las vitaminas del alimento.

Al cocinar al horno o a la plancha, conseguimos una costra en la superficie del alimento que va a impedir que pierda agua, lo cual es interesante si no queremos que una carne o un pescado se nos queden secos.

Debemos tener cuidado con esta costra, porque tampoco conviene que se nos queme el alimento. Cuando un alimento se quema se producen muchas sustancias tóxicas que va a oxidarse en nuestro cuerpo, y esto a la larga afectará negativamente a nuestra salud.

Por otro lado tenemos el vapor.

Cuando cocinamos al vapor, el efecto es parecido al del hervido, solo que el alimento no está en contacto directo con el agua, por lo que no se pierden tantas vitaminas. Por otro lado, al estar tapado, el agua no se evapora, por lo que el sabor del alimento se concentra.

Esta técnica se utiliza sobre todo con verduras, pero con pescados y carnes marinadas da un resultado buenísimo. Conseguimos un alimento tierno y con mucho sabor.

Cuando cocinamos al papillote combinamos horno y vapor. Al hornearse el alimento se cocinará de forma uniforme por todos sus lados, y al estar envuelto en papel de aluminio, los líquidos del alimento se van a quedar concentrados, por lo que el sabor será mayor.

Y por último tenemos el microondas. Ese pequeño electrodoméstico infravalorado. Solemos acordarnos de él para calentar la leche o algún plato que se nos ha quedado frío.

Pero es un utensilio muy útil. El microondas calienta el agua contenida en los alimentos, por lo que tiende a secarlos. Esto puede parecernos desagradable, pero podemos utilizarlo a nuestro favor, por ejemplo, para cocinar unas patatas al estilo patatas fritas.

Por otro lado, si el alimento lo cocinamos en una fuente bien sellada, o en un envase hermético apto para microondas y horno, conseguimos un efecto similar al vapor, concentrando dentro del envase todos los aromas y sabores, y por tanto, en el alimento.

Además, cocinando al microondas, minimizamos en gran medida la pérdida de vitaminas del alimento.

PATATAS EN DIFERENTES COCCIONES. (FOTO: Nutrición: nivel usuario)

Como veis, tenemos muchas formas de darle sabor a nuestros menús, y la mayoría de ellas muy saludables.

Ahora que sabéis un poquito más, podréis escoger de qué forma cocinaréis esas coloridas verduras, ese pescado tan sabroso, o esa carne que va a dejar alucinados a nuestros comensales.

¡Y todo de una forma saludable!

¿Y tú? ¿Qué técnica es tu preferida? 🙂

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